En estas «palabras para sentir» pensamos en la doble posibilidad de «escuchar» y «sentir», es decir, en un tránsito del oído al corazón. La recitación -del papá, del maestro- es vehículo de interiorización, de formación de la memoria y de generación de sentimientos: en el acto repetido de escuchar el poema se reconocen vínculos y se delinean identidades! ¿Quién es ése que me lee? y ¿Quién soy yo, que atiendo y siento? Sabemos que el niño crece sano, en el integral sentido, cuando se sabe amado. La lectura recibida es una de las voces del amor.
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